Nunca me han gustado las novelas, no las veo, no la sigo. Y anoche no iba a se la excepción, de no ser porque el control remoto fue arrebatado de mis manos para ver el estreno de la nueva serie nocturna que lanzaba el canal nacional.
Bueno, he visto algunos capítulos de uno que otro culebrón televisivo, pero es sólo por dejar la televisión encendida, “para que meta bulla”.
Siempre es lo mismo. El protagonista flacuchento, sin gracia, desde hace unos años autodenominado galán, después de ser el “cazador de lepidópteras”, (sí, tengo que enterarme de algunos asuntos novelescos para poder encontrarle sentido a las reuniones sociales), le pone el gorro a su señora con la secretaria, y que su señora lo engaña con su sobrino, y su hermano es gorreado por su mujer con su hermano. Se ven sufriendo en sus puestos gerenciales, con sus “casitas”, sus “autitos”, porque sufren, pues el dinero no hace la felicidad.
No son malos actores, eso es lo que me da lata (imagino que tienen que ganarse las lucas).
¿Qué es lo que entretiene?. A mí nada. No me identifico en ese mundo, y no es sólo el dinero. Pienso y no imagino que pasaron años “creando”, y desarrollando la idea, estudiando los personajes. Pero es lo que vende, porque deseamos lo que no tenemos; vivir en ese mundo de gente linda, cuyas preocupaciones o prioridades son muy lejanas a las mías.
El objetivo es que la gente, después de todos los dramas que vive en su día, se siente en su sillón a “no pensar”. Y me molesta que las casas televisivas nos quieran meter el dedo en la boca, por supuesto no es sólo la “tele”, la prensa escrita deja mucho que desear.
Inocentemente creemos que vemos lo que queremos ver, sólo porque tenemos el control remoto. Que equivocados estamos.
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